NOCHE DE CIRCO

el sonido y el cine

CRISIS: ANÁLISIS DE LA MÚSICA EN LA SECUENCIA DEL SALÓN DE BELLEZA

La segunda de las incursiones de música diegética en un uso dramatizante ocurre en Crisis durante la secuencia del salón de belleza, justo antes del suicidio de Jack. Al inicio de la secuencia se cuelan, de una manera que al espectador resulta fortuita, unos fraseos musicales repetitivos que no parecen guardar relación dramática con la acción presentada en pantalla. Nelly realiza unos últimos preparativos en el salón de belleza, es de noche. Del otro lado del escaparate asoma la figura inquietante de un hombre vestido de negro que mira silencioso a Nelly. Sólo esa inquietante figura, en nuestra opinión, parece simbolizar el peligro que la gran ciudad representa para la joven y que la película, quizás por exceso de celo o por imposiciones de la censura, no logra esbozar más que de forma inopinadamente vaga.

Cuando Jack llega al salón de belleza, Nelly explica que la música que escuchamos procede del teatro de al lado y durante toda la secuencia se escucharán de manera intermitente los ritmos sordos, las risas y los aplausos del público asistente a dicha función. El efecto que este tratamiento musical causa sobre la secuencia más dramática de la película no puede ser considerada, en modo alguno, accidental o improvisada. Más podría tener que ver con la búsqueda, por parte de Bergman, de un determinado contrapunto dramático. Si partimos del concepto Arte versus Vida, como temática subyacente a la trama de Crisis (recordemos que Jack es un actor fracasado), podríamos llegar a interpretar que lo que acontece en la pantalla no es más que una pantomima (Jack mantiene un discurso carente absolutamente de credibilidad), o bien que todo es pantomima en general (la propia acción en Crisis, ya que forma parte de una película_ un drama cotidiano, casi una comedia_ en palabras del narrador). Por otro lado, este juego audiovisual podría funcionar, al mismo tiempo, como contrapunto desdramatizante de la acción dado que no se produce una sincronía emocional entre lo que escuchamos y lo que vemos en pantalla y su objetivo, precisamente por lograr un efecto anempático, podría ser el de intensificar aún más el clímax emocional de la acción.

 

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Esta entrada fue publicada en 28 enero, 2015 por en Ingmar Bergman y etiquetada con , , .
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